A FRANCISCA
Ajena al dolo y al sentir artero, llena de la ilusión que da la fe, lazarillo de Dios en mi sendero, Francisca Sánchez, acompáñame...
En mi pensar de duelo y de martirio casi inconsciente me pusiste miel, multiplicaste pétalos de lirio y refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supiste y elevarte al amor sin comprender; enciendes luz en las horas del triste, pones pasión donde no puede haber.
Seguramente Dios te ha conducido para regar el árbol de mi fe, hacia la fuente de noche y de olvido, Francisca Sánchez, acompáñame...
Autor: Rubén Darío | Puntuación: 5.00
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