A FLORI, QUE TENÍA UNOS CLAVELES ENTRE EL CABELLO RUBIO
Al oro de tu frente unos claveles veo matizar, cruentos, con heridas; ellos mueren de amor, y a nuestras vidas sus amenazas les avisan fieles.
Rúbricas son piadosas y crueles, joyas facinorosas y advertidas, pues publicando muertes florecidas, ensangrientan al sol rizos doseles.
Mas con tus labios quedan vergonzosos (que no compiten flores a rubíes) y pálidos después, de temerosos.
Y cuando con relámpagos te ríes, de púrpura, cobardes, si ambiciosos, marchitan sus blasones carmesíes.
Autor: Francisco de Quevedo | Puntuación: 5.00
Puntuar poema
Envia a un amigo |