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| REALIDAD La verdad de este cuerpo mi más honda verdad. Invadirlo, apresarlo, hasta sentir su carne prolongada en la mía, integrada en mi sangre, y sentir por la suya esa lava ya fría del ardor del placer. Hasta su sexo llego como aquellos amantes que ante un cuerpo desnudos oficiaban con fervor y belleza sabiéndose partícipes de Pan y de Afrodita. Sobre la tierra inhóspita, bajo el cielo callado y los dioses ausentes, avanzo por sus valles, laderas, promontorios, y en el instante exacto del gemido asalto, rompo, ocupo la cueva misteriosa, el cálido refugio donde morar silente. Ya rendidos, y fríos, y exhaustos, los cuerpos se separan, sus poderes se anulan: una tregua se abre sobre los blancos lienzos. Hasta que una mano furtiva se desliza por la piel tan surcada, las piernas se entrelazan, la carne, enmudecida, recupera sus voces, y el sexo, cual un mar saliendo de su calma, se levanta y avanza: hacia el cuerpo que amo y que a mi lado yace. Hermosa realidad que devoro insaciable. Autor: Emilio Miró | Puntuación: 7.00 Puntuar poema Envia a un amigo |
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