Perfil Público de thauker
juan carlos marrero sierra
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Llegará el día, el día en que yo me vaya
y no querré ver cómo tus ojos se rallan
No me llores, no sufras por mi partida,
no quiero ser en tu corazón una herida
Pues yo partiré, sí, lleno de paz y de amor
mi alma no habrá de guardar ningún temor
Me iré cual vine, con mis bolsillos vacíos
mas habré cantado, y reído hasta el hastío
Mis huesos se volverán polvo de estrellas
dichoso seré, si pude dejar en ti huella
Vive con plenitud, con alguien a tu lado
Te observaré feliz, orgulloso, con agrado
Estaré contigo, te seguiré en todos los pasos
celebraré tus triunfos, consolaré tus fracasos
Si tus ojos se secan por mí, si sientes vacío
búscame en las olas, en la lluvia, en el rocío
En un rayo de sol, en una flor, en una pluma
o tal vez en el eco del reflejo de la espuma
Acuérdate con cariño de todo lo que construimos
seguiré estando en las experiencias que vivimos
Cuando me extrañes, vuelve a aquellos momentos
Seré esa voz cálida que te susurra en el viento
Si me recuerdas, si me piensas de cualquier modo
gracias a ti, nunca me habré marchado del todo
Hoy, sobre un cielo plomizo y apenado
va tejiendo la noche su manto estrellado
Temblando está la luz de la antigua farola
como un espectro se vislumbra su aureola
El gélido viento corta como afilado cuchillo
a lo lejos, se siente gemir un viejo organillo
Las compras y los regalos se suceden sin cesar
por cualquier parte se ve a la gente deambular
Algunos se precipitan por las calles adoquinadas
el reloj de la catedral anuncia ocho campanadas
Los jóvenes amantes, al frío no tienen temor
permanecen abrazados y comparten su calor
Los árboles desnudos, sueñan y esperan
su vestido de hojas al llegar la primavera
Hay tiempo para la nostalgia, y para recordar
a los seres queridos que jamás han de retornar
Pequeños copos de nieve, pierden ya su vuelo
lágrimas heladas blanquean levemente el suelo
Un joven camina, triste y sólo por la ciudad
su corazón ha sido roto la noche de Navidad.
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Hoy transito tus largas calles como antaño,
una vieja melodía me retrotrae varios años.
Mi querida La Laguna, me conoces más que nadie,
más que una amiga, una hermana, como otra madre.
Me has visto nacer, crecer y cometer mil errores,
has sido cómplice, testigo de mis primeros amores.
Paseando alrededor de tus antiguos conventos,
siento plácida la memoria de aquellos momentos.
El verde moho colorea tus vetustos muros,
ocultan celosos aquellos secretos oscuros.
Esos clásicos balcones de madera atesoran,
esperas de siglos que en sus sombras moran.
Eres vieja, enigmática, rebosas sabiduría,
eres remanso de paz, de sueños, de poesía.
Tu encanto es tu rugosidad y tu aspereza,
cada rincón de tus calles, rezuma nobleza.
Cuna de eruditos, estudiantes, profesores,
tumba de mendigos, campesinos y señores.
Bendecida por nuestro Cristo lagunero,
reliquia venerable, guía y fiel consejero
Eres puerta abierta para quien busca tu abrigo,
muralla cerrada para el extraño y el enemigo.
Ya es invierno, huele a humo, a castañas asadas,
el aroma del recuerdo de generaciones pasadas.
Las campanas llaman a los que ya no están,
tristes latidos, que saben que no volverán.
La gris neblina abraza la luz de las farolas,
apenas alumbran a las almas que vagan solas
La Laguna umbría, húmeda, solitaria y amarga
un sentimiento de añoranza el espíritu embarga
Lloras, mi La Laguna triste, con calma,
mojas los tejados, los patios... el alma.
Se dibujan reliquias de luz en el suelo,
guardan el eco de un antiguo anhelo.
La Laguna te invita, te acoge, te arropa,
con sus gélidas manos, cariñosa te toca.
Si te ha atrapado, no te dejará marchar,
sin fuerzas para huir, tarde para escapar.
La Laguna
Dedicado con todo mi cariño a los comercios de mi niñez, como Casa Peter en San Agustín, la pajera, discos Manzana, el punto criollo, la churrería Nene y tantos otros que cerraron sus puertas, pero cuyos ecos aún resuenan en nuestra memoria.
Hoy transito tus largas calles como antaño,
una vieja melodía me retrotrae muchos años.
Mi querida La Laguna, tú me conoces más que nadie,
más que una amiga, una hermana, como otra madre.
Me has visto nacer, crecer y cometer mil errores,
has sido cómplice, testigo de mis primeros amores.
Paseando alrededor de tus antiguos conventos,
siento plácida la memoria de aquellos momentos.
El verde moho colorea tus vetustos muros,
ocultan, celosos, aquellos secretos oscuros.
Esos clásicos balcones de madera atesoran,
esperas de siglos que en sus sombras moran.
Eres vieja, enigmática, y rebosas sabiduría,
un remanso de paz, de sueños, de poesía.
Tu encanto radica en tu rugosidad y aspereza,
cada rincón de tus calles, rezuma nobleza.
Cuna de eruditos, estudiantes, profesores,
tumba de mendigos, campesinos y señores.
Eres puerta abierta para quien busca tu abrigo,
muralla cerrada para el extraño y el enemigo.
Es invierno, huele a humo, a castañas asadas,
el aroma del recuerdo de generaciones pasadas.
Las campanas de la catedral llaman a los que no están,
como latidos de un corazón, que sabe que no volverán.
La lluvia cae lenta, inexorable, con calma,
mojando los tejados, los patios... el alma.
Se forman reliquias de luz en el suelo,
guardan el eco de un antiguo anhelo.
La gris neblina abraza la luz de las farolas,
apenas alumbran a las almas que vagan solas.
La Laguna te invita, te acoge, te arropa,
con sus gélidas manos, cariñosa te toca.
Una vez que te ha atrapado, ella no te dejará marchar,
no hay fuerzas para huir, demasiado tarde para escapar.
Hoy es Nochebuena,
noche de comunión,
sonrisas, villancicos,
de regalos e ilusión.
Se oyen por las calles
alegres gritos bulliciosos,
pero aquí, en el corazón
suena un lamento doloroso.
El reloj, en su letanía,
marca siete campanadas,
para mi alma se siente
como siete puñaladas.
Nuestro árbol sigue vestido
como me enseñaste a adornar.
guardo la secreta esperanza
de que lo puedas contemplar
Avanza el tiempo sin demora,
con aire de desdén y vanidad.
Cómo pesan los recuerdos…
mi brío, se vuelve debilidad.
Suenan las ocho en el reloj,
triste se lamenta el carillón.
El frío viento trae a mi oído
las notas de un viejo acordeón
El mantel de hilo bordado,
las copas llenas de vino,
ahora son sólo el presagio
de un ciego y cruel destino.
Sí, nuestra mesa está repleta,
de tristeza, vacíos y ausencia.
Los cristales guardan mudos
el reflejo de tu presencia.
Ya son las nueve, duele tu falta.
La campana que anunciaba la cena,
esa, que con tanto cariño tañías
duerme profunda, plácida, serena
Y aquel aroma exquisito
que de la cocina emanaba,
hoy huele a fría nostalgia,
a esperanza que se apaga.
El ruido, las risas familiares
que atrás llenaban la estancia,
se han vuelto un eco lejano,
de un pasado sin sustancia.
Las diez, y está nevando dentro de mí
En tu memoria la chimenea he encendido
mas, aunque intente la llama avivar
sólo hallo en ella un calor fingido
Se van escapando los segundos,
los minutos, las horas vencidas.
Me desangro... me desvanezco
ahora, a través de tu herida.
Tu silla me mira vacía,
serena, cual baluarte,
preguntando desafiante
cuándo dejé de buscarte.
Las once, gime el reloj la hora
su mecanismo rechina añoranza
las cadenas lloran al rozarse
testigos de mi desesperanza
Si el Espíritu me diera
un deseo, uno solo, cumplido,
pediría ahora verte aparecer
y que me llevaras contigo.
Son las doce. Es Navidad.
Llega el fin de mis días,
y descubro, con tristeza…
yo era feliz y no lo sabía.
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
para que es el retrete de un Spa?
• Spa Mear
¡ Mucho silencio... también ensordece !
Mayte Rueda Suarez
Lograste hacernos creer que tu existencia se acabó,
Lograste llegar a nuestras vidas sin ser descubierto,
Lograste esconderte en nuestra comodidad,
Lograste esclavizarnos sin sentir dolor,
Lograste engañarnos gracias a nuestro placer,
Dejándonos ciegos de nuestro ser.
Omran Omais
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
para que es el retrete de un Spa?
• Spa Mear
¡ Mucho silencio... también ensordece !
Mayte Rueda Suarez
Lograste hacernos creer que tu existencia se acabó,
Lograste llegar a nuestras vidas sin ser descubierto,
Lograste esconderte en nuestra comodidad,
Lograste esclavizarnos sin sentir dolor,
Lograste engañarnos gracias a nuestro placer,
Dejándonos ciegos de nuestro ser.
Omran Omais
