Perfil Público de alexio
Alejandro Tamarit
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PARKING — una historia por partes que no te puedes perder.
Marco era un verdadero desastre. No era organizado ni tenía intención de serlo. Cada mañana se despertaba con un olor a colonia distinto: el de las chicas que llevaba a casa cada noche. Tan despistado era que escondía las bragas de cada una por ahí, de cualquier manera, y ellas acababan marchándose sin ropa interior porque él ni sabía dónde las había dejado. Para Marco aquello era parte del juego; para ellas, no tanto.
Su vida era un caos improvisado, casi una broma constante. Su padre había muerto hacía unos años y su madre, prácticamente en estado vegetal, solo encontraba un poco de sentido imaginando el día en que vería a su hijo casado. Una ilusión que parecía imposible viendo cómo vivía Marco.
En el trabajo todos le tenían cariño. Era alegre, risueño y no le molestaba que se metiesen con él. Sobre todo por una manía extraña: aunque todos los empleados tenían plaza de parking, él nunca la utilizaba. Prefería levantarse dos horas antes para buscar un hueco en un barrio donde aparcar era casi imposible. Para Marco, encontrar sitio era como ganar una pequeña batalla diaria. Un triunfo absurdo, pero suyo.
No usaba GPS. Cada día conducía por un lugar diferente. Si llovía, bien; si hacía sol, también. Para él cada día había algo nuevo que descubrir, aunque fuese solo una calle distinta.
Hasta que un día todo cambió.
Mientras trabajaba, su madre lo llamó:
—No me encuentro bien —dijo con voz débil—. No es grave, pero ven.
Marco avisó a sus compañeros y salió corriendo. Al llegar a su barrio, se llevó un golpe inesperado: la policía había cerrado todas las calles. Estaban grabando una película y ningún coche sin plaza de garaje podía entrar para no romper la ambientación.
Él intentó explicar su situación:
—Mi madre está mal, necesito entrar.
El policía solo respondió:
—Llame a una ambulancia.
Marco buscó el móvil. No estaba. Revisó el coche. Nada. Salió, volvió sobre sus pasos… y vio el móvil roto en el suelo. Se le debió caer hablando con la policía.
¿Y ahora qué?
No podía entrar. No podía llamar. Y su casa quedaba lejos. Encontrar un vecino con garaje justo en ese momento era casi un milagro.
Hasta que sonó una bocina.
Era una vecina de su calle, que acababa de llegar para aparcar en su garaje. Lo vio nervioso, alterado, casi temblando. Entendió que algo pasaba.
—Súbete —le dijo—. Vamos.
Cuando llegaron, su madre estaba en el suelo. La vecina llamó a la ambulancia. En cinco minutos estaban allí. No era grave; sobreviviría. Marco lloró de alivio y dio gracias a Dios, aunque nunca había creído en nada. También dio gracias a la vecina, sin la cual quizá habría llegado demasiado tarde.
Cuando la ambulancia se llevó a su madre, Marco se quedó solo en casa, pensando.
La vida no puede ser solo improvisación. A veces necesita un plan.
Si hubiera tenido garaje, nada de aquello habría pasado.
Ese pensamiento lo perseguía… pero también lo despertó.
Desde ese día, Marco cambió.
Ayudaba a su madre. Dejó atrás el caos. Tiró las bragas escondidas por la casa. Compró dos plazas de garaje: una para su casa y otra para el trabajo.
Y la vecina…
Empezó a verla más. Era simpática, sociable, guapa. Siempre había estado ahí, pero él nunca se había fijado de verdad. Hasta ahora.
Quedaron una noche a cenar. Luego otra. Y otra. Cena, comida, cena, comida… hasta que lo que su madre soñó durante años se volvió realidad:
Marco se casó.
Adiós libertad caótica.
Adiós vida sin reglas.
Pero no lo echaba de menos.
Porque, por primera vez en su vida…
Era feliz.
---
El mundo se acabó un martes a las tres de la madrugada,
Poca gente se dio cuenta porque a mayoría durmiendo estaba.
No se dio cuenta,David, que se había negado a contarle el cuento que su hija tanto deseaba , porque tenía mucho que hacer , el trabajo le reclamaba.
No se dio cuenta,Fermín, que no se había reconciliado con la mujer que tanto amaba , porque tenía partido ,ya el miércoles le pediría la mano,menuda sorpresa le esperaba.
Tanto se dejó por hacer , tantas ocasiones se perdieron, mientras el planeta, poco a poco , a su vejez, llegaba, que pienso , cuánta razón tiene ese refrán que dice algo así como : Lo que puedas hacer hoy , no lo dejes para mañana.
El otro día iba paseando
por las calles del cabanyal,
Pensando, imaginando ,
cómo siempre que salgo andar.
De repente,una pareja me paró
, muy a mi pesar,
me preguntaron, caballero,
hacia dónde para el mar?
Yo, que lo he visto tantas veces,
les di las instrucciones como si
buscaran una calle más ,pero para
ellos , que era la primera,sonaban
a rico manjar.
Qué contentos se pusieron, cuando
oyeron,
os quedan doscientos metros nada
más .
Yo , contento también me puse y
a la playa fui a parar,
hacía tiempo que no disfrutaba
de un paseo junto al mar.
Oye, cómo fue el examen?
Regular, metí la gamba en varias preguntas.
Pués haber metido un bogavante, quizás te hubieran corregido mejor.
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
- Oye, ¿y qué tal el gimnasio?
- Pues me estoy poniendo en forma
- ¿Ah sí?
- Si, en forma de bola. No voy
¡ Cuando miras el universo.... te das cuenta,
que los números,... también tienen música !
Mayte Rueda Suarez
En los días mas felices.
donde pensé que me querías.
nunca llegue a imaginar.
que de mi lado te irías.
.
.
.
Rafael Rosal
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
- Oye, ¿y qué tal el gimnasio?
- Pues me estoy poniendo en forma
- ¿Ah sí?
- Si, en forma de bola. No voy
¡ Cuando miras el universo.... te das cuenta,
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Mayte Rueda Suarez
En los días mas felices.
donde pensé que me querías.
nunca llegue a imaginar.
que de mi lado te irías.
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Rafael Rosal
