Perfil Público de danielb
Daniel Home
Estadísticas
¿Cómo conseguir puntos?
Puedes obtener puntos y subir en nuestro ranking en función de estos criterios:
- 15 puntos por cuento subido
- 10 puntos por poema subido
- 8 puntos por chiste subido
- 5 puntos por frase subida
- 1 punto por cada seguidor
- 0.02 puntos por voto positivo recibido
- -0.02 puntos por voto negativo recibido
- 15 puntos por cuento subido
- 10 puntos por poema subido
- 8 puntos por chiste subido
- 5 puntos por frase subida
- 1 punto por cada seguidor
- 0.02 puntos por voto positivo recibido
- -0.02 puntos por voto negativo recibido
Puntos
Día 1.02
Puntos
Semana 1.02
Puntos
Mes 11.08
Puntos
Año 1
Seguidor
0
Seguidos
Yo soy la muerte en vida;
Nomás un simple cadáver,
Con la esperanza de ver
Tu hermosura suicida
Y una gran risa debida.
Sólo un simple muerto soy,
Pero hasta el día de hoy
Yo te haré una promesa
A ti, mi bella princesa:
Que mis sentimientos te doy.
Amada, yo muero por ti.
A lo lejos, yo te miro;
Y cerca, por ti suspiro.
Amada, ¡No mueres por mí!
Y yo esperando un sí.
Lastimosamente morí.
Princesa, yo ya te perdí
Por mi maldita soberbia
Y mi tonta cobardía.
Amada, yo muero por ti.
Y solamente te pienso
En las noches de desvelo;
Solamente te anhelo
Con mi corazón inmenso
Que hoy está indefenso.
Todo eso que yo sí sentí,
Incluso lo que yo temí
Lo digo hoy en un verso
A mi bello universo:
Amada, yo muero por ti...
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
- Amor, ¿me compras el iphone?
- ¿Y el otro?
- El otro me compra el ipad.
La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad.
jhoalfred gonzalez
Tuyo, tú –y– yo, cuerpo
gozado, alma gozosa
sin distingo, ¡dios mío!
Dios de quién, si
nunca supe distinguir
quién fue cuerpo
de quién –alma de quién.
Ernesto Mejía Sánchez
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
- Amor, ¿me compras el iphone?
- ¿Y el otro?
- El otro me compra el ipad.
La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad.
jhoalfred gonzalez
Tuyo, tú –y– yo, cuerpo
gozado, alma gozosa
sin distingo, ¡dios mío!
Dios de quién, si
nunca supe distinguir
quién fue cuerpo
de quién –alma de quién.
Ernesto Mejía Sánchez
