Perfil Público de jeanpierre41
Jean Pierre
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Bajo el embrujo de tu piel divina,
se rinde el aire al verte caminar,
diosa de luz que la luna domina,
fuego sagrado difícil de calmar.
Tus curvas son un mapa de deseos,
terreno virgen que quiero habitar,
entre suspiros y lentos meandros,
donde mi boca se quiere quedar.
Esa mirada que quema y desliza
una promesa de abierta pasión,
convierte el pulso en voraz prisa
y en un galope a mi corazón.
Rosas de seda dibujan tus labios,
néctar tibio que busco beber,
un elixir de besos tan sabios
que me hacen todo juicio perder.
Tocas mi pecho y el roce enciende
chispas de un trance profundo y voraz,
una corriente que todo lo emprende
y no nos deja retroceder más.
Manos que bajan por tu arquitectura,
recorren la seda de tu desnudez,
mientras se rinde la propia cordura
a la caricia que quema esta vez.
Temblando el aire se llena de aroma,
fragancia a flor y a deseo encendido,
tu voz muy tenue mi ser atesora
cuando en tu cuello me quedo perdido.
Caen las telas, se cae el secreto,
quedas al descubierto, mi diosa,
un templo vivo, sagrado y perfecto,
donde la dicha responde dichosa.
Lenta la marcha, los cuerpos se juntan,
piel contra piel en perfecto compás,
dos voluntades que al cielo apuntan
sin intenciones de volverse atrás.
Ramas de fuego tus piernas se vuelven,
me envuelven lento, me invitan a entrar,
en los misterios que suave se mecen
sobre las olas de un místico mar.
Deslizo besos en tu cordillera,
subo a tus cumbres, desciendo a tu flor,
sintiendo cómo la humedad entera
brota sutil como canto de amor.
Es un derrame de sensaciones,
gotas de lluvia de interna humedad,
fusión sagrada de dos pasiones
que han olvidado la gravedad.
El ritmo crece, la calma se pierde,
ya no hay sutileza en este volcán,
el lecho tiembla, la carne se enciende,
en el torbellino que juntos dan.
Un mar agitado de piel y suspiros,
gritos ahogados en cada rincón,
nos desatamos en fieros giros
perdidos dentro de la ebullición.
Te agitas firme en la cresta del río,
diosa salvaje de puro sudor,
Había algo en él que me desarmó antes de que mediara palabra alguna: su aroma. No era el perfume genérico de un aparador, sino un rastro almizclado, masculino y limpio que parecía reclamar el aire que yo respiraba. Cuando su mano rodeó la mía, sentí un chispazo eléctrico recorrer mi columna; su piel era firme, segura, y ese primer beso que depositó en el dorso de mi mano no fue de cortesía, fue una promesa de conquista.
Ya en la penumbra de la habitación, el mundo exterior dejó de existir. Solo quedábamos él, yo y ese magnetismo animal que me hacía sentir vibrar.
Me recostó con una lentitud tortuosa, sus ojos fijos en los míos, devorándome con una adoración que me hacía sentir sagrada. Se arrodilló a los pies de la cama, y mientras mi respiración se volvía errática, tomó mi pie con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de sus hombros.
Sintió el estremecimiento que me sacudió cuando sus labios rozaron mi empeine. Me besó allí, con una devoción casi religiosa, subiendo por mi tobillo mientras sus manos grandes y cálidas firmeza mis piernas. Se detuvo, me miró desde abajo y, con una voz ronca que me humedeció al instante, pidió permiso. No con palabras, sino con un gesto de entrega total para ascender hacia mi centro, ese lugar que ya reclamaba su presencia con un latido húmedo y constante.
Cuando finalmente se hundió en mí, no hubo dudas. Me tomó como se toma a una diosa: con una mezcla de ferocidad y ternura que me hizo arquear la espalda, buscando fundirme con él. Cada embestida era una nota de una sinfonía de placer que solo nosotros conocíamos.
El contacto de su pecho sudado contra mis pechos sensibles. Mis gemidos perdiéndose en su cuello, mientras él gruñía mi nombre como un mantra. Sentir esa oleada de "miel" cálida y dulce recorriéndome por dentro cuando ambos estallamos en un unísono de espasmos y entrega absoluta.
Él no era solo un hombre; esa noche, era el artesano de mi perdición. Sus manos, acostumbradas a trazar versos sobre el papel, encontraron en mi cuerpo su lienzo más salvaje. No hubo prisa, solo la intensidad de un hambre que se había gestado durante siglos de espera.
Comenzó recorriendo cada centímetro de mi ser como quien lee un poema prohibido, bajando por la curva de mi cuello, deteniéndose en el valle de mis pechos hasta que mi piel vibró bajo su lengua. Me desarmó con una devoción casi religiosa. Me tomó por completo, explorando cada rincón, cada pliegue de mi intimidad, sin dejar un solo espacio sin reclamar. Me hizo sentir que el mundo se reducía a ese roce, a la forma en que sus labios y dedos convertían mi deseo en una urgencia líquida y ardiente.
Cuando no pude más, cuando el calor se volvió insoportable, lo guié hacia adentro.
Cabalgando sobre él, sentí que la gravedad perdía su fuerza. Fue un ascenso frenético, un galope contra el destino. Con cada embestida, la habitación se borraba; solo existía el choque de nuestra piel, el sudor que se deslizaba por nuestras espaldas y el sonido de nuestras voces fundiéndose en un solo jadeo. Mis manos aferradas a sus hombros, mis uñas marcando el ritmo de su entrega. Me elevé, impulsándome más allá de lo terrenal, buscando en su mirada ese destello de estrellas que solo ocurre cuando dos almas se incendian a la vez.
El clímax fue un naufragio de luces y espasmos, un grito ahogado en su hombro que me dejó temblando, vacía de todo menos de él. Allí, bajo la luz roja de la pasión, fui diosa, fui musa y fui, sobre todo, mujer en su estado más puro y voraz.
La penumbra envolvía a una auténtica guerrera, una mujer de hogar y temple inquebrantable que esa noche decidió regalarme el tesoro de su piel.
La tomé de la cintura con firmeza, anclándola a mi cuerpo para borrar todo espacio. Al oído le susurré:
—Mírame, mi reina. Hoy olvídate de las batallas afuera; aquí tú mandas en este fuego.
Recorrer a una reina exige elegancia y cero prisas. Besé su cuello despacio, reconociendo su esfuerzo diario.
—Qué hermosa estás al soltar tu coraza para ser mía —le murmuré en la clavícula—. Te has ganado cada caricia.
Cuando nuestros cuerpos se fundieron, el placer fue un tributo a su valentía.
—Estás perfecta, tan apretadita y mía —gimí en su piel—. Arde para mí, suéltate, que te sostengo.
El orgasmo de una dama se extrae con paciencia y palabras que queman. Al fin, vibró, se fundió en mi espalda y estallamos juntos. Allí, pegaditos y en sudor, supe que no hay mayor honor que encender el alma de una mujer que lo merece todo.
CERRADO POR INDEFINICIÓN.
Extrañar no es lo mismo que querer.
Recordar y vivir debe ser una operación con saldo positivo.
Escribir y decir son dos verbos enamorados.
Confiar y asumir la responsabilidad es avanzar.
Las decisiones deben ser siempre acatadas.
Cerrar una puerta y abrir ventanas.
El futuro es tan indeterminado que sin poder repetir el pasado puede ofrecer mejorado.
No hay No ni Sí.
La respuesta a tú pregunta siempre está por escribir.
Ser y estar sin dos perspectivas diferentes de un mismo ente.
Es posible estar sin necesitar la física presencialidad??
A veces deseamos lo que ya tenemos en un grado diferente.
Sueño con correr cuando puedo andar..la tortuga gana a la liebre.
Amar es dar lo más valioso.
Libertad, bienestar, la más alta consideración que es una forma de lealtad y el eterno compromiso de cuidar en la alegría y en la adversidad.
Lo demás? Que más da? Cuando se tiene lo principal.
Vivir y dejar vivir. Do You really undestand what It IS means?
Se puede tener una misma verdad expresada en forma diferenciada.
Tú interpretación es igual de válida a la aquí expuesta.
No hay una verdad y una mentira opuestas y enemigas.
Todos los libros relatan una misma historia.
Enviado por bowielight80
cual es el pais q rie y explota? ja-pon.
el hijo sabio alegra al pádre y le da consuelo
el hijo necio deshonra a su madre y le da tristeza
José Portillo
Mira ese árbol que a los cielos
sus ramas eleva erguido;
en ellas columpia un nido
en que duermen tres polluelos.
Ese nido es un hogar;
no lo rompas, no lo hieras:
sé bueno y deja a las fieras,
el vil placer de matar.
Juan de Dios Peza
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Extrañar no es lo mismo que querer.
Recordar y vivir debe ser una operación con saldo positivo.
Escribir y decir son dos verbos enamorados.
Confiar y asumir la responsabilidad es avanzar.
Las decisiones deben ser siempre acatadas.
Cerrar una puerta y abrir ventanas.
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No hay No ni Sí.
La respuesta a tú pregunta siempre está por escribir.
Ser y estar sin dos perspectivas diferentes de un mismo ente.
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A veces deseamos lo que ya tenemos en un grado diferente.
Sueño con correr cuando puedo andar..la tortuga gana a la liebre.
Amar es dar lo más valioso.
Libertad, bienestar, la más alta consideración que es una forma de lealtad y el eterno compromiso de cuidar en la alegría y en la adversidad.
Lo demás? Que más da? Cuando se tiene lo principal.
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José Portillo
Mira ese árbol que a los cielos
sus ramas eleva erguido;
en ellas columpia un nido
en que duermen tres polluelos.
Ese nido es un hogar;
no lo rompas, no lo hieras:
sé bueno y deja a las fieras,
el vil placer de matar.
Juan de Dios Peza
