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Jly Goode
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Hazlo, miénteme como siempre haces, le dije. El con un “Te amo” me respondió. Tanto tiempo que lo conocía y ninguna de sus mentiras me había dolido tanto como aquella que su boca gesticuló sin miramientos. En mí, se formó un nudo de impotencia y se creó un vacío que me incitó a marcharme, metí mi dignidad dentro de la maleta y lo miré por última vez, solo para llenarme de valor y emprender mi viaje hacia un destino lejano, evadiendo el ambiguo remordimiento. Lo que no sabía es que por primera vez después de tanto, sus palabras no habían sido un engaño pero, ¿Cómo se puede reconocer la verdad en un nido de mentiras? Quien diría, que aquel quien estaba condenado a mentir, por amor había pagado la sentencia.
Dignos hijos del firmamento,
que más que calumnia
cometen desaciertos,
los seres más inteligentes dicen los investigadores,
sin darnos cuenta que cualquier animal toma mejores decisiones.
Se creen inmortales como el majestuoso Señor,
idóneos reyes de todo que se encuentra a su alrededor,
creyéndose libres de todo mal,
de cualquier pecado por el que se les pueda condenar,
mientras matan, roban, hieren y mienten,
realizan cualquier cosa para lograr lo que quieren.
Esclavos de las tentaciones, el vicio y los desacatos,
incapaces de comprender lo imprudente de sus actos,
realizando sin miedo los siete pecados mortales,
pues la codicia, la avaricia y la desdicha los condenan a cegarse.
Le oran a Dios cuando necesitan ayuda,
pero le bailan a satanás con miseria locura,
culpan a Dios de actos cometidos por un corazón vacío,
ese es el precio a pagar por nuestro libre albedrío.
Viven en una tierra de santos,
donde hay más pecados que salmos,
su codicia gira alrededor de su óptimo ego,
veremos cómo le va en su intento de ir al cielo,
no solo el karma existe en la tierra
pero lo comprenderán de la peor manera.
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
ERRAR
Errar es humano, pero lo es todavía más echarle las culpas a otro.
Siente el pensamiento, piensa el sentimiento.
Miguel de Unamuno
Las palabras siempre son vacías para el que no escucha,
no conseguirás jamás lo que deseas si no luchas…
Mari Luz Rojas
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
ERRAR
Errar es humano, pero lo es todavía más echarle las culpas a otro.
Siente el pensamiento, piensa el sentimiento.
Miguel de Unamuno
Las palabras siempre son vacías para el que no escucha,
no conseguirás jamás lo que deseas si no luchas…
Mari Luz Rojas
