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Norma Cecilia Acosta Manzanares
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Título: Axioma del Abismo.
Autora: Norma Cecilia Acosta Manzanares.
País: Venezuela.
La Paz no es una paloma.
Es la Aguja
en el pajar del mundo.
Y nosotros,
ciegos con guantes de filósofo,
buscando a tientas
entre astillas de himnos
y paja de tratados.
Todos hablan de su forma,
de su tacto,
de su filo perfecto.
Pero sólo encuentran el vacío
que pincha el dedo
y sangra la conciencia.
La Mosca de la guerra
pone sus huevos en la herida.
Y la Semilla de Mostaza de la esperanza,
tan pequeña,
se ahoga en el pus de la costra.
¿Sus Pronombres?
Ella,la deseada.
Él,el verdugo que la invoca.
Ellos,los que venden su efigie
en el mercado de las causas justas.
Nosotros,los que miramos
y creemos estar limpios.
Y en el centro,
la Prostituta que la habita.
La Paz de mentira,
la de sonrisa pintada
y precio en la mirada.
La que se acuesta con el vencedor
y le susurra promesas
mientras lava la sangre de sus botas.
¿Quién merece?
Nadie.
¿Quién decide?
El que tiene el cuchillo
y el diccionario.
Axioma del abismo infinito:
la única Paz verdadera
es la que mira de frente
a su propio vacío.
La que se sabe frágil,
manchada,
y aun así
no se rinde
a ser sólo
un pronombre
en boca
de los hambrientos
de poder.
Título: Lamento De Una Poeta Silenciada.
© 2025 [Norma Cecilia Acosta Manzanares]. Todos los derechos reservados.
Hoy confieso con la boca llena de tierra:
he enterrado mis versos bajo facturas sin lágrimas
y calendarios marcados con cruces de hospital.
El mundo me exige huesos, y yo los he entregado.
La llama se apaga entre raíces sin savia,
mis sueños son pájaros con las alas de papel.
La poesía avanza —¡mudo!— por caminos ajenos,
y mi sombra se quema en el frío de lo práctico.
¿Cómo? ¿Cómo dejé que el reloj devorara
el viento que nombraba las cosas con mis labios?
Desgarrado: mitad salario, mitad susurro;
mitad número gris, mitad tinta que arde.
Las palabras se pudren en mi garganta —¡oh sílaba rebelde!—,
la inspiración sabe a llave oxidada en la lengua.
He vendido metáforas por monedas sin eco,
y ahora cuento silencios donde antes sembraba versos.
Pero en la noche, cuando los deberes sangran su cansancio,
una coma fugaz rasga el papel del vacío.
Es la poesía —¡aguijón de luz!— que araña,
que exige nacer con uñas y cicatrices.
No quiero pan de lágrimas secas,
ni sueños que mendiguen en esquinas oscuras.
Busco el punto exacto donde el alma y el barro se funden:
donde el poema es semilla, y el deber, solo estación.
Hoy entierro mis versos… pero mañana
los desenterraré con las manos sucias de vida.
Porque la poesía no muere: se disfraza de rabia,
y acecha en los rincones donde el mundo no mira.
¿Qué parte de mí leyó el demonio?
¿Dónde empieza el miedo
cuando el libro se abre?
¿En la página o en el pecho?
¿En la letra que no sale
o en la mirada que espera
como quien castiga sin tocar?
Mi angelito, decía la portada,
con dibujos que parecían rezar.
Pero yo no rezaba.
Yo me preparaba.
¿Puede un libro tener dientes?
¿Puede la promesa suave tener filo?
Cada tarde, a las tres,
el conjuro comenzaba:
la “r” se volvía trampa,
la lengua, traición,
y el cuerpo, altar del error.
El miedo no gritaba.
Se instalaba en el estómago
como un huésped educado
que no pide nada
pero lo consume todo.
¿Quién decidió que aprender dolía?
¿Quién convirtió la lectura
en ceremonia de juicio?
La silla sabía.
La pared marfil también.
Ambas me sostenían
como quien acompaña
sin intervenir.
Yo era niña,
pero ya sabía leer el peligro
en el silencio entre palabras.
¿Y si el demonio no era invocado,
sino enseñado?
¿Y si el libro no era objeto,
sino espejo
de una pedagogía que castiga
cuando el cuerpo no obedece?
Hoy lo abro de nuevo,
no para repetir el conjuro,
sino para preguntarle:
¿Qué parte de mí leíste mal?
¿Por qué tu caricia fingida me dolía?
¿Y por qué, aún hoy,
mi cuerpo recuerda
cada página como si fuera piel?
Autor: Norma Cecilia Acosta Manzanares.
Derechos reservados
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
no obstante una palabra hay que mi ánimo permuta
¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
EN EL MÉDICO
- Doctor, doctor, tengo complejo de fea.
- De complejo nada, oiga.
No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y piedras.
Albert Einstein
EL TIEMPO
El tiempo es la única dimensión intangible,
se agota poco a poco sin hacer ruido.
Pasan los años y los minutos se convierten en horas y las horas en días,
hasta que llega el momento en que nos damos cuenta de lo necios que hemos sido por haberlo perdido.
Tarde ya es para mí, y por eso lloro todos los segundos que malgasté.
Ya no hay vuelta atrás, ni opción de recuperar lo perdido,
por eso el tiempo que te queda y que nunca más tendrás,
aprovéchalo y construye un recuerdo intenso que te acompañe hasta que tu tiempo se agote.
George Pellicer
(Colaborador de Yavendrás)
UNA PALABRA
Soy gran e ilustre caballero, fiero luchador
de las nobles causas un valeroso defensor
No temo, no, a una encarnizada contienda
jamás ha existido insulto que a mí ofenda
Tampoco a este mortal horroriza la enfermedad
mas existe una palabra que lo llena de ansiedad
A los dioses no tengo temor, juego con el destino
pero una palabra, causa en mi espíritu un remolino
Un vendaval, un mar embravecido, el fuego, me divierten
tan sólo una palabra, sólo esa, en indefenso me convierte
De la muerte, a mi tan cercana, me he hecho amigo
y a una palabra, quitar la trascendencia no consigo
Sin inmutarme, mataría a un demonio o a un dragón
una palabra, una, bien puede atravesarme el corazón
Multitud de crueles batallas internas he disputado
en todas menos en una, gloriosamente he triunfado
Los sobornos, los chantajes, a mi alma no inmutan
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¿Qué palabra puede hacer temblar a este hombre?
Esa palabra, querida mía, esa palabra es tu nombre.
Enviado por thauker
EN EL MÉDICO
- Doctor, doctor, tengo complejo de fea.
- De complejo nada, oiga.
No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y piedras.
Albert Einstein
EL TIEMPO
El tiempo es la única dimensión intangible,
se agota poco a poco sin hacer ruido.
Pasan los años y los minutos se convierten en horas y las horas en días,
hasta que llega el momento en que nos damos cuenta de lo necios que hemos sido por haberlo perdido.
Tarde ya es para mí, y por eso lloro todos los segundos que malgasté.
Ya no hay vuelta atrás, ni opción de recuperar lo perdido,
por eso el tiempo que te queda y que nunca más tendrás,
aprovéchalo y construye un recuerdo intenso que te acompañe hasta que tu tiempo se agote.
George Pellicer
(Colaborador de Yavendrás)
