Perfil Público de piojodelrojo
Victor Peralta
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Día 17.02
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Semana 17.02
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Año 7
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1789, Francia.
Entre los ecos de la revolución, Éloise y Julien se prometen amor eterno. Una tarde, mientras las campanas de París anuncian un ajusticiamiento, Julien cae herido mortalmente en la plaza. Éloise, rota, deja caer una lágrima sobre el empedrado. Esa lágrima, mezclada con polvo y sangre, será la primera onda del efecto.
Su tristeza la lleva a un pequeño puerto del norte, donde un joven pescador la ve llorar mirando el horizonte. Sin entender por qué, cree que debe consolarla. Ella apenas lo mira, pero su dolor deja en él una huella. Esa noche, el pescador sueña con un rostro que no conoce y con un amor que nunca vivió. Al día siguiente, decide navegar más lejos de lo habitual… y en una de esas travesías, rescata de un naufragio a una mujer inglesa.
1810, costas del Atlántico.
La mujer, Margaret, sobrevive gracias a él. De vuelta en Inglaterra, abre un pequeño asilo para marineros perdidos. Allí conoce a Thomas, un soldado que no puede dormir desde que volvió de la guerra. Ella le enseña a rezar, él le enseña a reír de nuevo. Se casan.
Su hijo, William, será poeta.
En 1845 escribe sobre un amor imposible entre dos almas que nunca se encuentran. Uno de sus poemas viaja hasta Argentina en manos de un inmigrante italiano, que lo recita en un puerto de Buenos Aires mientras espera que llegue su prometida.
Pero ella nunca llega.
En cambio, una costurera llamada Ana, que escucha el poema desde la distancia, siente que esas palabras fueron escritas para ella. Se acerca, le ofrece un mate, y sin saberlo, reencuentra en él la chispa de Éloise, el eco de Julien, el reflejo de aquel pescador.
El amor, una vez más, encuentra su cauce.
Y así, de lágrima en lágrima, de mirada en mirada, la historia sigue viajando, una emoción que atraviesa siglos, cambiando de rostro, de idioma y de destino.
Dicen que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán del otro lado del mundo.
Quizás el amor funcione igual, una lágrima derramada en 1789 puede encender un corazón en esta primavera.
Porque, al final, todos llevamos en el ADN la memoria del primer amor.
No somos más que repeticiones del mismo latido, ecos de una historia que empezó mucho antes de que naciéramos.
Y que, de una forma u otra, todavía sigue escribiéndose en nosotros.
Aún porfía en mi memoria los detalles de aquel momento,
y mis pupilas siguen ardiendo con el calor de aquel verano
Ahí estabas,
aguardando en el rincón del bar,
ahí, en la parte más remota del tumulto
de las almas que descienden a vivir sin escala.
Ahí estabas,
con tus cabellos fugitivos,
abrumados de tanta perfección,
y con tu voz dormida en el umbral
de unos labios poderosos
que guardaban en su carne
mi condena infinita.
Ahí estabas, amor, ahí
con los ojitos perdidos,
diseminando el temor en un creerte inocente
y preguntando a la gente si el sentir
se ha prohibido.
¿Y yo, dónde estaba?
Ese día no existía,
pero te vi, vida mía, te vi,
y mi renacer fue todo caos
y el sol parió el amanecer en mis mejillas,
y el atardecer murió en tus brazos,
…mi eterna romería;
Y hoy que todo es efervescencia vida mía,
¿dónde estamos?
Yo,
viviendo todavía en la memoria de aquel día,
¿y vos?,
vos, sumergida en el tumulto
ese que te acercó una vez...
pero que hoy te arrebatan de mi. -
El mar me anticipa, y en unos metros ya había besado sus pies, sus muslos, tambien habia rodeado sus caderas con fuerza, y con algo de debilidad seguía besando el resto de su bronceado cuerpo semidesnudo…
Entre toda esa corriente natural, que seguía conquistando el terreno de su cuerpo en forma ascendente, poco a poco y con la ayuda del descuido de las olas, logré anclarme a centímetros de su mirada, aguachenta, nublada…
fueron 5 segundos los que necesité para recobrar el aire que la corriente me había quitado, 5 segundos para que mis manos reaccionaran y rozaran sus brazos, ya cenizas, pero todavía abrasadores, fueron otros tantos segundos más para que pudiera sentir sus manos sobre mis hombros. El peso de nuestra respiración pareciera haber alisado el mar… y el tiempo, la temperatura y el aire se detuvieron. Los segundos ya no contaban, toda el agua en su cuerpo olvidó su curso y quedó imantada a su piel, adoptándola como su nuevo mar. Mis manos ya estaban sumergidas en su cintura, sus pechos marcaban como un hierro candente mi piel… ya nada podía detenernos, me incliné suavemente con los ojos abiertos y apunté mis labios al centro de los suyos, no hubo acierto, el beso comenzó casi al limite con su mejilla izquierda, pero rápidamente corregí o corregimos al unísono la dirección de nuestras bocas. Sentí una suave presión de la totalidad de sus labios sobre los míos, ella con los ojos cerrados se dejó llevar, brevemente intento dibujar, rozando con más destreza que ligereza, las fronteras de sus besos, jugando con las gotas de agua que todavía quedaban estancadas en su pronunciado labio superior... pero no aguanto... no soporto más el frío lejos de la profundidad de su boca y me vuelco con tal fuerza que las gotas de agua que aún quedaban en nuestros rostros se esparcen a varios metros, fue una explosión de ansiedad, y no tardo mucho en darme cuenta que me está devolviendo el beso con las mismas ansias. La falta de aire hace que nos separemos, ella se siente tan débil después, que se apoya en mi pecho para no hundirse en el océano.
- Todavía seguís con esa loca idea de irte? - Le susurro, mientras dejo caer su cabeza en mi hombro -. No es justo.
- La vida no es justa... - sentenció -
Victor Peralta
Encontrar tus dedos entre mis manos
lanzarnos a la lluvia
casi desnudos, sin escudos
las caricias y el agua
todo es refrescante.
Nos observan, reímos,
somos jóvenes, nos queremos..
amamos la lluvia y todo lo que borra.
la simpleza de las gotas,
su evaporación en nuestros hombros.
seguimos riendo...
Somos nuevos otra vez.
No quiero ser el mismo que era antes...
porque ya lo fui.
V.P.
Te escucho en un ratito me dijo, con voz animada, y esas palabras fueron mi ultimo aliento.
Victor Peralta
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
NOMBRE
- Hola, ¿cómo te llamas?
- Vanessah, con "v" y "h"
- ¿Con VIH?. Vaya, lo siento de corazón...
La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.
Marco Aurelio
Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.
Juan Gelmán
SIQUIERA VINE A VIVIR
Siquiera vine a vivir,
sin estar muerto por un ápice,
a lanzar la piedra en el vidrio ajeno
y a esconder la mano en el corazón
para que no la miren con malas intenciones.
Porque, ¿qué sería mi cuerpo sin los dedos?
sin la perfidia de lograr un cometido,
sin el sabor amargo de un desquite en la boca.
¿Qué sería la voz sin la escucha precipitada de los otros?
¿Qué sería la tarde sin el dolor diluido en el tatuaje?
Mientras, caen los pedazos del espejo
donde te ofrendaste sin púlpito.
Yo te ofrezco un ebbo sin cardos
una danza sin cuchillos en las rodillas
el camino de piedras donde iremos
con los brazos apretados por los yelmos de azucenas y vicarias.
Escucharé tus faltas una a una
y subiré al monte a vomitar
la fécula obscena del pecado,
mas que todo,
a escucharte mientras paso
el resquicio de la muerte en puntillas,
sobaremos la granada mojada
por los mares de sudores
de la última cita en el Aqueronte.
No me falles:
porque vine a vivir
y si no vienes conmigo,
morder mi propia sal
sería un acto demoníaco y distraído,
un pecaminoso resultado
de morirme ocultando
la lentitud conque, en tu presencia,
se equidista la muerte,
y no sería osadía atarla.
Mientras esto sucede,
he venido a que atemos
los nombres a un propósito
sin enunciar todavía un epitafio.
Enviado por frankcarlos
NOMBRE
- Hola, ¿cómo te llamas?
- Vanessah, con "v" y "h"
- ¿Con VIH?. Vaya, lo siento de corazón...
La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.
Marco Aurelio
Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.
Juan Gelmán
